A pesar de que muchos aquí en España sueñan con ser funcionarios, son afortunadamente bastantes los que piensan en ser emprendedores. Yo lo hice, me equivoqué y me sigo equivocando mucho después de siete años, pero creo que en el camino he aprendido unas cuantas cosas que puedo compartir. La mayor parte las he aprendido a base de golpes, como casi todo en esta vida.
Los motivos para emprender son a menudo relativos a sueños o a tópicos, y si supieras a priori a lo que te enfrentas probablemente no tomarías la decisión de hacerlo.
Hay quien quiere ser su propio jefe. A vosotros os digo que aunque indudablemente tendréis mayor capacidad de decisión y libertad, no os engañeis: tenéis jefes siempre. Por lo pronto vuestros clientes, y si los tienes, también tus inversores.
Hay quien quiere crear algo grande, algo que deje huella. Yo me enmarco más en esta categoría. A vosotros os digo que muy probablemente necesitaréis inversores, y los inversores pueden ser grandes aliados, pero también una dificultad añadida muy importante. Un inversor puede imponerte muchas cosas, tales como tu remuneración, a quién puedes contratar, a quién debes contratar, estrategias de negocio, de producto, comerciales. Pero lo que seguro te va a imponer es un control financiero más o menos férreo, con un mínimo que es la realización de auditorías anuales (que llevan tiempo y cuestan dinero). Pero este tema es lo suficientemente jugoso como para dedicarles un capítulo en esta serie que hoy comienzo.
Sea como fuere, un emprendedor debería tener un grado de experiencia y conocimiento notable en aquello que constituye la base del negocio. Puede ser experiencia técnica, comercial, o de marketing, por ejemplo.
Pero son muchos los puntos que no sabes generalmente cuando te metes en esto, y que no tienen nada que ver con tu experiencia y con lo que te gusta hacer. En una start-up todo el mundo lleva muchas “gorras”, pero hay ciertos puntos en los que necesitas colaboradores de confianza, y en los que debes tener unos conocimientos mínimos o adquirirlos rápidamente. En especial, y en mi experiencia, esto se refiere a los asuntos financieros, administrativos, laborales, impositivos y legales. Son todo un intrincado complejo de asuntos de vital importancia y que requieren siempre un experto en el dominio. Alguien que se dedique a ello y conozca los vericuetos y entresijos.
En general deberás subcontratar este tipo de personas y/o empresas, pero de tu decisión de en quién confiar puede radicar tu futuro y tu bienestar, debes elegir bien y detectar tan rápido como sea posible cualquier problema o ineficiencia, para tomar medidas y sustituir a quien sea necesario.
Hace poco le contaba a un pre-emprendedor mi experiencia, y no se si le quité las ganas hablándole de todo a lo que hay que enfrentarse. No era mi intención, tan sólo que supiera aquello que yo no sabía.
Bien es cierto que si conoces los riesgos extensivamente, puede que nunca des el salto por miedo, y este país necesita emprendedores. Así que no mires lo que escribiré con miedo, sino como la oportunidad de aprender de otros y hacerlo mejor. Ya sabes, el conocimiento humano se construye sobre el conocimiento adquirido de los que vinieron antes que nosoros, y además “los que ignoran su historia están condenados a repetirla”. Así que aplícate el cuento.
Y es por todo esto que en otros países con mayor cultura emprendedora, el hecho de crear una empresa y pegártela tiene un gran valor en lugar de ser una marca de “apestado”. Si te la pegaste y no eres un inútil, tienes muchas más posibilidades de hacerlo bien en una segunda aventura.
Bueno, si no te he aburrido y te parece interesante deja un comentario, y así tendré más ganas de continuar esta serie, en la que me gustaría hablar de las cosas más relevantes: equipo humano, capital riesgo, servicios externos, networking, y otros temas que se me ocurran o que me sugiráis.
Gracias!
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